- Roberto Alfayate Álvarez
- NOVEDADES
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Seguro que te ha pasado. Cruzas la puerta giratoria de un hotel, dejas las maletas en el suelo y, antes incluso de llegar al mostrador de recepción, sueltas un suspiro de alivio. No es solo el aire acondicionado ni la decoración minimalista. Es "ese" aroma.
En el mundo de la hotelería, se suele poner el foco en la decoración, la iluminación, el hilo musical o la rapidez del Wi-Fi. Pero en realidad, algo que también influye en que un huésped vuelva (o que deje una reseña demoledora), es una verdad incómoda: el ojo puede perdonar un mueble que no está a la última, podemos pasar por alto un problema con la atención en recepción, pero la nariz no perdona un ambiente rancio, que no huele bien.
Esto es algo mucho menos racional, que nos genera una impresión que sin que seamos conscientes del todo puede acabar afectando en nuestra experiencia global.
El "Marketing olfativo de Bienvenida": Los primeros 10 segundos
El marketing olfativo no consiste en "echar perfume" para tapar olores. Es una estrategia de arquitectura sensorial. Cuando un cliente entra en el lobby de un hotel, su cerebro tarda menos de un segundo en procesar el aroma y conectarlo con una emoción.
Si el hotel huele a notas limpias, frescas y exclusivas, el mensaje que recibe el subconsciente es claro: “Aquí estás seguro, aquí te cuidamos, este lugar es de calidad”. Porque sí, lo que hueles influye en cómo te hace sentir, es una emoción mucho más irracional, pero es un sentimiento verdadero, que ajusta esa primera impresión que tenemos del sitio.
Por tanto, si entramos en un hotel con un buen ambientador, y el ambiente en cuanto a estética y trato del personal acompaña a ese aroma, vamos a sentirnos mucho más acogidos y felices.
¿Por qué un buen aroma se traduce en una mejor percepción del espacio?
La respuesta está en la memoria episódica. El olfato es el único sentido con línea directa al sistema límbico, la zona del cerebro que gestiona las emociones y los recuerdos.
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La percepción de limpieza: Un hotel puede estar pulcro, pero si huele a humedad por ejemplo, el cliente lo percibirá como falta de higiene. Un aroma equilibrado refuerza la sensación de desinfección profesional.
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La reducción del estrés: El proceso de viaje (vuelos, tráfico, maletas) es estresante. Un aroma relajante en el lobby baja las pulsaciones del cliente, haciendo que el proceso de check-in sea más fluido y agradable.
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El efecto "Recuerdo": Meses después, cuando ese huésped sienta un aroma similar en su ciudad, su cerebro lo transportará de vuelta a tu hotel. Eso no es marketing, es fidelización biológica a través de un recuerdo.
La aromatización de hoteles: De"gasto" a "activo estratégico"
A menudo, los gerentes ven la aromatización como un detalle estético o un gasto extra. Sin embargo, los datos no mienten: los espacios aromatizados con un buen sistema de ambientadores pueden aumentar la satisfacción del cliente en más de un 20%, lo que se traduce en fidelización, en boca a boca, en recomendaciones y en reseñas positivas, y todo eso son pequeños granitos de arena que hablan de la personalidad de un hotel y ayudan a atraer nuevos huéspedes.
En un mercado tan saturado como el actual, donde la diferencia entre hoteles de la misma categoría es mínima, el aroma es ese "lujo invisible" que inclina la balanza hacia la reserva recurrente.
Nota de experto: No busques que tu hotel huela a "limpiador de suelos". Busca que huela a una experiencia que tus clientes quieran llevarse a casa.
Fuentes :
- ScentAir: Scent Marketing ROI and Customer Satisfaction.
- Washington State University: The Power of Simplicity in Olfactory Cues.
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