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El lujo no siempre se ve. A veces se percibe en el aire. El té blanco es una fragancia ligera, limpia y etérea. Procede de los brotes más jóvenes de la planta Camellia sinensis, recolectados antes de abrirse completamente. Esa delicadeza en su origen se traduce en su perfil olfativo.
Seguro que te ha pasado. Cruzas la puerta giratoria de un hotel, dejas las maletas en el suelo y, antes incluso de llegar al mostrador de recepción, sueltas un suspiro de alivio. No es solo el aire acondicionado ni la decoración minimalista. Es "ese" aroma.
Imagina caminar por un bosque ancestral en Japón tras una lluvia ligera. El aire es puro, limpio y desprende un aroma a madera fresca, limón y un toque terroso que parece calmar el pulso al instante. Ese aroma tiene nombre: Hinoki.